
DEVOCIONAL MUJERES DE ORACIÓN
DÍA #43
MI PORCIÓN EN ESTA TIERRA
No se dejen dominar por el deseo de tener lo que otros tienen, ya sea su esposa, su sirviente, su sirvienta, su buey, su burro, o cualquiera de sus pertenencias.
Éxodo 20:17 (TLA)
LÁMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA Y LUMBRERA A MI CAMINO
El mandamiento de no codiciar nos enseña a no sucumbir al deseo por lo que pertenece a otros. La envidia y el deseo de lo ajeno pueden llevarnos a un estado de insatisfacción, resentimiento y descontento. Al reconocer y apreciar lo que ya tenemos, podemos evitar estos sentimientos negativos. El Señor nos enseña que debemos ser agradecidas con lo que nos ha dado en esta tierra (Salmos 50:23). Recordando el momento en que Dios guió a los líderes de Israel en la repartición de la Tierra Prometida, podemos ver la mano sabia y generosa de Dios en la organización y la provisión para su pueblo. Este acto de distribuir la tierra y proporcionar a cada tribu una porción específica, mientras que los levitas recibieron la responsabilidad especial de servir a Dios, nos recuerda que cada uno de nosotros tiene un lugar y un propósito único en el plan del Señor. A las once tribus les dio tierra por heredad, pero a la tribu de Leví le dijo: “Los levitas no tendrán herencia entre sus hermanos; el Señor mismo es su herencia” (Deuteronomio 18:2).
Cuando pienso en esto, viene a mi memoria el Salmo 16:5-6, que dice: “Tú, Señor, eres mi herencia y mi copa; eres tú quien ha afirmado mi porción”. Si lo tengo a Él, lo tengo todo, Él es mi porción, en Él encuentro todo lo que necesito, ¿Qué me puede ofrecer el mundo con sus placeres y deleites fuera de Él? Este entendimiento nos invita a vivir con agradecimiento y a reconocer que nuestra verdadera herencia y satisfacción vienen de nuestra relación con Dios y su provisión en nuestras vidas. Cuán agradecidas debemos estar por la salvación que nos ha sido dada, por el sacrificio de Yeshúa en la cruz, a través del cual lavó nuestros pecados y nos hizo aceptas al Padre.
Cada aspecto de nuestras vidas, incluyendo nuestra familia (aun con sus defectos), nuestro nivel de instrucción académica y nuestras oportunidades laborales, son parte de la provisión que Dios determinó para nosotras. Agradezcamos por todo, porque esa fue su voluntad para con nosotras. Solo así encontraremos la clave para desarrollar gozo: el contentamiento. Hagamos un esfuerzo consciente por reconocer y agradecer las bendiciones diarias, grandes y pequeñas. Esto nos ayudará a mantener nuestro corazón en el lugar correcto, ya que la gratitud es el antídoto para la codicia.
ORACIÓN
Amado Padre, realmente agradezco que Tú seas mi herencia y mi porción en esta tierra, no quiero nada fuera de tu voluntad. Agradezco cada detalle que tienes conmigo, bendiciones grandes, pequeñas y aún por las pruebas porque siempre tendrán un propósito de bien. En el nombre de Yeshúa. Amén.

Hoy agradezco por:

Padre agradezco por tu favor en todo lo que me das y lo que no me das porque tu sabes que me conviene, y el tiempo exacto en que tu me darás si es tu voluntad amen