
DEVOCIONAL MUJERES DE ORACIÓN
DÍA #36
LA LENGUA ES UN FUEGO
Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!
LÁMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA Y LUMBRERA A MI CAMINO
La lengua, aunque pequeña en comparación con el resto del cuerpo, tiene un poder inmenso para transformar y destruir. Santiago utiliza una metáfora poderosa al compararla con un fuego que puede consumir un gran bosque.
La idea de la palabra (en hebreo, dabar) tiene un significado mucho más profundo que simplemente una secuencia de sonidos. La palabra de Dios es la fuerza creadora que da forma y orden al universo. En el libro de Génesis, cuando Dios crea el mundo, lo hace mediante su palabra: "Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz" (Génesis 1:3). Aquí vemos que la palabra no solo transmite información, sino que tiene el poder de crear realidades. Este concepto se extiende a la vida diaria ya que las palabras no son meras expresiones vacías, sino que tienen un impacto profundo en los demás, y pueden traer vida o muerte (Proverbios 18:21). Yeshúa, la Palabra viva manifiesta el poder creador de Dios en el mundo. Él calma la tormenta con una palabra, sana a los enfermos con una palabra, y resucita a los muertos con una palabra.
Este capítulo también habla sobre la contradicción que existe cuando usamos la lengua para bendecir y maldecir al mismo tiempo. El ser humano por ser creado a imagen de Dios, merece respeto y dignidad. Sin embargo, nuestras palabras a menudo no reflejan esto. No podemos alabar a Dios en Shabat y hablar mal de otros el resto de la semana. La doble moral de bendecir y maldecir con la misma lengua es una señal de que necesitamos una transformación de nuestro corazón. Yeshúa nos dice en Lucas 6:45: “de la abundancia del corazón habla su boca”. Nuestras palabras reflejan nuestro estado interior, por lo que, si nuestro corazón está alineado con Dios, nuestras palabras también lo estarán. No obstante, por nuestra propia fuerza no podemos dominar la lengua, solo Dios puede limpiar nuestros corazones y transformarnos. Pidamos a Dios un corazón limpio como lo hizo David para sacar palabras del buen tesoro de nuestro corazón.
“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Salmo 51:10).
ORACIÓN
Mi Dios eterno y misericordioso, te pido que purifiques mi corazón para que mis palabras reflejen tu amor y verdad. Ayúdame a ser un instrumento de edificación y no de destrucción. Que mis conversaciones sean un testimonio de la paz que he recibido de ti. En el precioso nombre de Yeshúa. Amén.

Hoy agradezco por:

Gracias Padre por me enseñas que debo callar y no maldecir a mis hermanos utiliza mi lengua para bendecir, y perdóname si utilice mal mi boca gracias