
DEVOCIONAL MUJERES DE ORACIÓN
DÍA #32
DAVID Y BETSABÉ
Una tarde, al levantarse David de la cama, comenzó a pasearse por la azotea del palacio y desde allí vio a una mujer que se estaba bañando. La mujer era sumamente hermosa, por lo que David mandó que averiguaran quién era y le informaron: «Se trata de Betsabé, que es hija de Elián y esposa de Urías el hitita». Entonces David ordenó que la llevaran a su presencia y, cuando Betsabé llegó, él se acostó con ella. Después de eso, ella volvió a su casa. Hacía poco que Betsabé se había purificado de su menstruación, así que quedó embarazada y se lo hizo saber a David.
2 Samuel 11:2-5 (NVI)
LÁMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA Y LUMBRERA A MI CAMINO
David solía estar presente junto a los soldados para luchar en las guerras que debía enfrentar Israel. Sin embargo, este capítulo cuenta que, siendo primavera, David se encontraba en el palacio en Jerusalén, en una época en que los reyes salían a la guerra.
Uno de esos días, David estaba durmiendo durante la tarde y, al levantarse de la cama, vio a una mujer sumamente hermosa bañándose y la deseó, al punto de enviarla a buscar, a pesar de que estaba casada, y se acostó con ella. Esta mujer era Betsabé.
Betsabé se encontraba en días fértiles, por lo que quedó embarazada. Su esposo era Urías, quien formaba parte del ejército de Israel. Con el objetivo de ocultar lo sucedido, David intentó en dos ocasiones que Urías volviera a su casa y tuviera intimidad con su esposa, para que así no se diera cuenta de lo ocurrido. Sin embargo, Urías era un hombre sumamente fiel al ejército de Israel y, al ver que los demás acampaban alrededor de la guardia del rey, hizo lo mismo.
Ni los regalos del rey, ni la embriaguez le hicieron desistir de no gozar de placeres mientras los demás estaban acampando, incluso al aire libre.
Fue entonces cuando David planificó la muerte de Urías. Mandó de forma impúdica, y en la mano del propio Urías, una carta a Joab, capitán del ejército, que decía: “Pongan a Urías al frente de la batalla, donde la lucha sea más dura. Luego déjenlo solo para que lo hieran y lo maten” (2 Samuel 11:15). Y así sucedió.
Esta historia nos muestra ciertos puntos claves: en primer lugar, David dejó de ir a la guerra, por lo que tuvo mucho tiempo libre y, al estar desenfocado, miró a Betsabé y la deseó.
En segundo lugar, el relato nos muestra cómo un pecado puede llevar a otro pecado: en el caso de David, fue primero el adulterio, luego el engaño y la mentira, y, finalmente, el homicidio premeditado.
David intentó mover las piezas para que su pecado no quedara al descubierto, sin embargo, Dios nos ve en todo tiempo y nada le es oculto. Por ello, el Señor envió al profeta Natán a hablar con David, quien con una historia sobre un hombre rico que tenía muchas ovejas y un hombre pobre que tenía una sola, le hizo ver su pecado. Si bien David reconoció su transgresión y el Señor le perdonó la vida, las consecuencias de sus actos llegarían después: el hijo que fue fruto del adulterio moriría, y sus propios hijos le traerían vergüenza y dolor.
Con todo, David no se quedó en el pecado. Él se arrepintió y volvió a adorar al Señor con más fervor aún después de esta caída. David fue quien escribió en el salmo 139 cómo el Señor conoce todo de nosotros, lo que hacemos y lo que no, incluso nuestros pensamientos. No hay nada oculto para Él.
Amada hija de Dios, el Señor está atento a nuestros actos y a nuestros pensamientos, nada podemos ocultar de Él, ya que la verdad pronto sale a la luz. Por eso, al ver lo que le pasó a David, un hombre que amaba y obedecía al Señor, temblemos y oremos al Padre para que permanezcamos firmes en sus caminos y no nos permita resbalar.
Mantengámonos enfocadas en su Palabra, no demos lugar al ocio, a la distracción ni al desenfoque. Si nos llegamos a equivocar y pecar, confrontemos con valentía el pecado, porque si lo escondemos y lo toleramos, un pecado dará a luz otro pecado; mientras que la obediencia de un mandamiento trae más obediencia.
Que el Señor nos ayude a mantenernos fieles y, si hemos fallado en nuestra vida pasada, recordemos que el Señor es grande en misericordia y especialista en dar un nuevo corazón.
Así como David escribió después de su pecado aún más salmos que los que había escrito previamente, y pudo ser restaurado y vivir con la unción del Padre, así mismo el Señor hará con nosotras.
ORACIÓN
Amado Padre, Tú escudriñas hasta lo más profundo de nuestro ser y conoces todo sobre mí, aún mis pensamientos. Como dijo David, tu siervo, “te ruego que me des un corazón puro que te honre”. En el nombre de Yeshúa. Amén.

Hoy agradezco por:

Padre tú conoces todo de mi hasta mis pensamientos gracias por perdonar mis pecados pasados gracias por tu misericordia por darme un corazón nuevo y ser fiel a tu palabra en el nombre de yeshua Amén
Padre gracias por estar pendiente de mi y me conoces hasta el último pensamiento que tengo en el nombre de Yeshua amén
Amado Dios te agradezco por tu misericordia y las bendiciones de cada día, amén