
DEVOCIONAL MUJERES DE ORACIÓN
DÍA # 3
PLEGARIA PIDIENDO VINDICACIÓN
Señor Dios mío, en ti he confiado; sálvame de todos los que me persiguen, y líbrame, no sea que desgarren mi alma cual león, y me destrocen sin que haya quien me libre.
Salmo 7:1-2 (RVR1960)
LÁMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA Y LUMBRERA A MI CAMINO
Cuando el rey Saúl supo que David era el ungido del Señor para convertirse en el próximo rey de Israel, quiso matarlo y por eso comenzó a perseguirlo. A pesar de esto, David respetaba a Saúl como el legítimo rey de Israel y confiaba en la voluntad del Señor. Así comienza una etapa en la vida de David en la que tuvo que huir al desierto, y fue precisamente este período lo que le preparó para convertirse en el hombre que luego fue, un hombre conforme al corazón de Dios.
¿Cómo reaccionó David frente a la injusticia de ser perseguido sin causa? Su respuesta fue el Salmo 7, “Sigaión de David”. La palabra sigaión en hebreo tiene dos significados: puede referirse a un instrumento musical o puede tener que ver con la locura que atravesaba el rey Saúl tratando de perseguirlo. Con todo, el principio es el mismo: en tus momentos de dificultad o profunda tristeza puedes hallar consuelo en los salmos y en el canto hacia Dios.
Si estás viviendo en una etapa de tu vida donde te encuentras en adversidad o en sufrimiento, piensa en las palabras de David: “Señor, Dios mío, en ti he confiado”. Cuando te dispones a confiar en el Señor, dejas de enfocarte en la adversidad y tu pensamiento se direcciona hacia el Dios Eterno, Creador de los cielos y la tierra, quien es soberano y está al control de esa situación. Recuerda que Él es el alfarero y nosotras somos barro en sus manos, y que es necesario que, como el olivo, pasemos por la prensa para obtener el precioso aceite.
Esta etapa de preparación es la más importante para tu vida, donde puedes entender el sufrimiento y, aún en tiempos de angustia, cantarle al Señor y refugiarte en Él.
Hoy, cualquiera sea la situación que estés enfrentando, te invito a meditar en este pasaje reconociendo que necesitamos del Señor y que solo de Él proviene nuestra salvación.
ORACIÓN
Amado Yeshúa, te agradezco por las dificultades y te pido que me ayudes a ver que Tú atraviesas estas adversidades junto a mí y me has amado con amor eterno. En tu nombre, amén.

Hoy agradezco por:
