
DEVOCIONAL MUJERES DE ORACIÓN
DÍA #184
La caída del ser humano
La serpiente era más astuta que todos los animales del campo que Dios el Señor había hecho, así que le preguntó a la mujer: ¿Es verdad que Dios les dijo que no comieran de ningún árbol del jardín? Podemos comer del fruto de todos los árboles, respondió la mujer. Pero, en cuanto al fruto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: “No coman de ese árbol ni lo toquen; de lo contrario, morirán”. Pero la serpiente dijo a la mujer: ¡No es cierto, no van a morir! Dios sabe muy bien que, cuando coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal. La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que tenía buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría, así que tomó de su fruto y comió. Luego le dio a su esposo, y también él comió. En ese momento se les abrieron los ojos, y tomaron conciencia de su desnudez. Por eso, para cubrirse entretejieron hojas de higuera.
Génesis 3:1-7 (NVI)
LÁMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA Y LUMBRERA A MI CAMINO
En Génesis 3, encontramos la narración del pecado de Adán y Eva y cómo ambos intentaron evadir la responsabilidad de su actuar. Cuando Dios les pregunta si habían comido del fruto del árbol que les había dicho que no comieran, Adán responde que la mujer que Él le dió le ofreció el fruto, y Eva dice que la serpiente la engañó. Sus respuestas a Dios muestran una tendencia humana a excusarse y a desviar la culpa en lugar de aceptar la responsabilidad por los propios errores. Este relato ilustra un principio fundamental: la aceptación de nuestra responsabilidad es crucial para el arrepentimiento genuino y la reconciliación con Dios.
Romanos 6:23 nos recuerda que "la paga del pecado es muerte", pero también nos asegura que "el regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor". Dios, en su amor y misericordia, envió a su Hijo unigénito, Yeshúa, el Adán Kadmón, para rectificar el pecado del primer Adán. A través de la muerte y resurrección de Yeshúa, se nos ofrece el perdón y la vida eterna. Este perdón requiere, primeramente, nuestro arrepentimiento y aceptación de la responsabilidad por nuestras acciones. Así como Yeshúa vino para ser la rectificación del primer Adán, Él es nuestra restauración y redención. En Él encontramos el perdón que necesitamos y su sacrificio nos ofrece una nueva oportunidad para vivir siguiendo sus pisadas.
ORACIÓN
Amado Señor, hoy vengo ante Ti para pedirte perdón por mis pecados. Reconozco que, al igual que Adán y Eva, he fallado en obedecer tus instrucciones que son para mi bien. Lávame con la sangre del Mesías y fortaléceme para vivir en santidad, apartada para Ti. En el nombre de Yeshúa, Amén.

Hoy agradezco por:
