
DEVOCIONAL MUJERES DE ORACIÓN
DÍA #183
Despojándonos de lo terrenal
Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos.
2 Corintios 5:1-3 (RVR1960)
LÁMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA Y LUMBRERA A MI CAMINO
En la época de los griegos, existía una cultura profundamente arraigada en el cuidado del cuerpo. Así surgieron los gimnasios, término derivado de la palabra griega gymnasion, que a su vez proviene de gymnos, que significa “desnudez”. Los griegos practicaban deportes en estos lugares desnudos, convencidos de que un cuerpo bello reflejaba una mente igualmente bella y virtuosa.
Sin embargo, el apóstol Pablo nos recuerda que esta morada terrenal, este "tabernáculo", es decir, este cuerpo, llegará a deshacerse. Se acabará. No obstante, del Señor recibiremos un "edificio", una casa no hecha por manos humanas. No se refiere a una mansión llena de comodidades para la eternidad, sino a un cuerpo incorruptible. Es cierto que gemimos de dolor, cansancio y estrés por este cuerpo cargado de pecado, y los creyentes en Yeshúa anhelamos ser revestidos de esa habitación celestial.
A menudo, nos preocupamos más por dar la apariencia de estar bien, por mostrar cuán atléticos somos o por tener cosas que otros no tienen. Pero, ¿de qué sirve vernos "bien", si todo eso es temporal? Nuestro cuerpo, en el que tanto invertimos, tarde o temprano se descompondrá. No está mal cuidar nuestro cuerpo o ejercitarlo; lo incorrecto es convertirlo en un culto, dedicándole tanto tiempo que relegamos lo demás a un segundo plano.
La Escritura nos dice que hay tiempo para todo, y ciertamente esto se trata de una cuestión de administración adecuada. Sin embargo, lo más importante es tener claro que lo mejor es hacer tesoros en los cielos, prepararnos para la eternidad y valorar lo que realmente tiene significado.
ORACIÓN
Señor, te agradezco por la vida, la salud y todo lo que me has permitido tener. Quiero rogarte que, antes de enfocar mi vista en lo terrenal, fije mis ojos en Ti, porque solo en Ti podré alcanzar esa mansión eterna que no fue hecha por manos humanas, sino por Ti. ¡Permíteme administrar lo que me has dado y darte la gloria en todo y por todo! En el nombre de Yeshúa, amén.

Hoy agradezco por:

Gracias Padre por mi vida, el despertar, por mi familia el alimento que cada día me das,ayúdame a permanecer y llegar a la meta corriendo la buena batalla y poder alcanzar la vida eterna en el nombre de Yeshua Amen
,