
DEVOCIONAL MUJERES DE ORACIÓN
DÍA #179
La fe se prueba como el oro
(...) Aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual, aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.
1 Pedro 1:6-7 (RVR1960)
LÁMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA Y LUMBRERA A MI CAMINO
Pedro está escribiendo a una comunidad que, aunque ha sido llamada a una esperanza gloriosa, está atravesando pruebas y persecuciones. El enfoque de Pedro no es minimizar el sufrimiento, sino dar una perspectiva que transforme el dolor en un medio para un fin divino: la purificación de la fe.
La fidelidad a los mandamientos y a las promesas de Dios se prueba en la adversidad como el oro que, al ser refinado en el fuego, se purifica y se hace más valioso. Así, el sufrimiento se convierte en un medio para que nuestra fe se haga más preciosa y se convierta en testimonio del poder de Dios en nuestras vidas. El oro se purifica de sus impurezas con fuego, se derrite y en forma líquida se ve turbio al principio, pero cuando se le aplica más calor se va limpiando hasta ser reflejante como un espejo. De la misma manera Dios es nuestro orfebre y nos purifica a través de las pruebas para que cuando sea manifestado en gloria a su venida, seamos semejantes a Él.
Por el ejemplo de Yeshúa, entendemos que nuestro sufrimiento tiene un propósito redentor. Él mismo sufrió, y su sufrimiento no fue en vano, sino que trajo restauración y vida a todo el mundo. De igual manera, nuestros sufrimientos no son inútiles; tienen un propósito divino. Yeshúa que sufrió y resucitó nos da la esperanza de que nuestras pruebas también tienen un propósito, y que, a través de ellas, Dios nos conforma más a su imagen. Esta esperanza no solo nos sustenta, sino que nos permite ver más allá del sufrimiento temporal y confiar en la fidelidad de Dios, quien tiene todo bajo control. Él está refinando nuestra fe y, en última instancia, nos prepara para el día postrero. Si queremos estar presentes en ese día tenemos que perfeccionar nuestra fe, como dice Yeshúa en Lucas 18:8 “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”. Dios nos promete librarnos de nuestra aflicción, pero cuando vuelva ¿seremos dignos de estar ante Él?
ORACIÓN
Amado Dios, gracias por considerarme tu hija, entiendo que las dificultades que enfrento suceden porque me amas y quieres que sea más semejante a ti. Permíteme ver más allá de lo terrenal para entender el sufrimiento como un dolor pasajero comparado con la eternidad que tienes preparada para nosotros. En el nombre precioso de Yeshúa, amén.

Hoy agradezco por:
