
DEVOCIONAL MUJERES DE ORACIÓN
DÍA #163
No todos están
dispuestos a escuchar
Se parecen a niños sentados en la plaza que se gritan unos a otros: “Tocamos la flauta y ustedes no bailaron; entonamos un canto fúnebre y ustedes no lloraron”. Porque vino Juan el Bautista que no comía pan ni bebía vino y ustedes dicen: “Tiene un demonio”. Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y ustedes dicen: “Este es un glotón y un borracho, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores”. Pero la sabiduría queda demostrada por los que la siguen.
Lucas 7:32-35 (NVI)
LÁMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA Y LUMBRERA A MI CAMINO
En Lucas 7:24-28, Yeshúa presenta a Juan el Bautista como el mensajero profetizado por Isaías y lo exalta como el mayor entre los nacidos de mujeres. En el versículo 28 añade un dato importante: “el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él”, destacando la grandeza del Reino de Dios y la transformación que produce en quienes lo reciben.
En los versículos 29-30, algunos discípulos de Juan que estaban en medio de la multitud alabaron a Dios porque su profeta había sido exaltado por Yeshúa, pero algunos de los fariseos y maestros de la ley asociaron a Juan con Yeshúa y los rechazaron a ambos. Por eso, Yeshúa los compara con niños que critican cualquier propuesta durante un juego: si alguien sugiere una cosa, los demás la rechazan.
Los líderes religiosos no estaban de acuerdo con el estilo de vida austero de Juan y, al mismo tiempo, criticaban a Yeshúa por acercarse a los pecadores. A pesar de esto, Yeshúa afirmó que la sabiduría de Dios es evidente para sus hijos, es decir, para quienes aceptan y entienden el mensaje.
A menudo, enfrentamos situaciones similares cuando compartimos la Palabra de Dios. Hay quienes encuentran excusas para rechazar el mensaje, independientemente de si lo presentamos de manera amorosa o con firmeza. Juan el Bautista fue rechazado por su postura severa, y Yeshúa, con un enfoque amoroso, también enfrentó rechazo.
Es probable que también nos encontremos con personas que, sin importar cuánto intentemos enseñarles con amor, buscarán razones para no escuchar. Aunque esto puede ser frustrante, hay ocasiones en las que lo mejor es dejarlo en manos de Dios. Él tiene sus tiempos, y nuestra tarea es orar por ellos. El rechazo de la Palabra no siempre depende de cómo la compartimos, sino de la disposición del corazón de quienes la escuchan.
ORACIÓN
Amado Señor, dame la sabiduría para compartir tu verdad con amor y paciencia, y la humildad para reconocer cuando no está siendo recibida. Ayúdame a ser un testimonio vivo de tu gracia y a confiar en que Tú transformarás los corazones. En el nombre de Yeshúa, amén.

Hoy agradezco por:
