
DEVOCIONAL MUJERES DE ORACIÓN
DÍA #159
Las promesas del Señor
Yo, pues, los tomaré de las naciones y los reuniré de todos los países, y los traeré a su propia tierra. Entonces esparciré sobre ustedes agua pura y serán purificados de todas sus impurezas. Los purificaré de todos sus ídolos. Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes. Quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Pondré mi Espíritu dentro de ustedes y haré que anden según mis leyes, que guarden mis decretos y que los pongan por obra. Y habitarán en la tierra que di a sus padres. Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios.
Ezequiel 36:24-28 (RVA2015)
LÁMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA Y LUMBRERA A MI CAMINO
En medio del exilio y la desolación de Israel, Dios promete una restauración profunda que va más allá del retorno a su tierra. Estos versículos nos recuerdan la misericordia y la gracia del Señor: aunque el pueblo fue dispersado por su idolatría y desobediencia, Dios no los abandona. Él promete purificarlos, soplar en ellos su aliento de vida y reemplazar su corazón de piedra con un corazón de carne, uno donde sus palabras puedan ser vividas. Esta es la restauración que Dios anhela para su pueblo, permitiéndoles volver a Él de corazón. Esta promesa se conecta con la visión de los huesos secos (Ezequiel 37), donde Dios muestra que incluso lo que parece muerto y sin esperanza puede recibir vida y propósito por su poder.
La evidencia de esta purificación y del nuevo nacimiento que solo Dios puede realizar es que pongamos en práctica sus mandamientos. Aunque no somos salvas por nuestras obras, nuestras acciones dan testimonio de la renovación que ha hecho en nosotras. Al igual que los huesos secos cobraron vida y se levantaron como un gran ejército, nuestras vidas transformadas muestran el poder de Dios para hacer nuevas todas las cosas. Cuando su Ruaj nos adopta y transforma, nuestras vidas reflejan este cambio, mostrando nuestro deseo de acercarnos a su Palabra.
Así, el nuevo pacto que Dios promete, alcanzado a través de nuestro Salvador, Yeshúa, nos impulsa a andar según sus leyes y a ponerlas por obra. La obra de Dios en nosotras es completa: nos regresa a su presencia, nos provee y nos da un corazón que se deleita en su Palabra, revelando que somos su pueblo y Él es nuestro Dios.
ORACIÓN
Señor, tú eres el único que puede llevarme a obedecer y guardar Tu palabra. Anhelo la redención de tu pueblo Israel; permíteme estar presente en las bodas del Cordero al final de los tiempos. Pon en mí un corazón de carne que se rinda a tus pies, que guarde tus mandamientos y los ponga por obra. Te lo pido en el nombre de Yeshúa, nuestro Salvador. Amén.

Hoy agradezco por:
