
DEVOCIONAL MUJERES DE ORACIÓN
DÍA #147
Oración pidiendo la continuada
y misericordia de Dios
Escucha, oh Señor, mi oración, y está atento a la voz de mis ruegos. En el día de mi angustia te llamaré, porque tú me respondes. Oh, Señor, ninguno hay como tú entre los dioses, ni obras que igualen tus obras. (...) Enséñame, oh, Señor tu camino; caminaré yo en tu verdad; Afirma mi corazón para que tema tu nombre. Te alabaré, oh, Señor Dios mío, con todo mi corazón, y glorificaré tu nombre para siempre.
Salmo 86:6-8, 11 (RVR1960)
LÁMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA Y LUMBRERA A MI CAMINO
El rey David era un hombre conforme al corazón de Dios y lo único que anhelaba era ser escuchado por Él. En este salmo, nos enseña cuál es el verdadero propósito de la oración: el propósito de la oración no es obtener lo que pedimos, sino tener la certeza de que Dios nos escucha y que Él está en control de todo. Nuestra confianza en Dios no debe depender de si obtenemos o no la respuesta que esperamos, sino en el hecho de que Dios está atento a nuestras necesidades y trabaja en nuestras vidas de acuerdo con su perfecta voluntad. Así, nuestro propósito es glorificar a Dios y darle gracias en cualquier circunstancia, independientemente de que se cumpla o no lo que deseamos.
Un ejemplo poderoso de esta actitud se encuentra en la historia de los tres jóvenes hebreos cuando el rey Nabucodonosor ordenó que todos adoraran la estatua de oro que había levantado. A pesar de las amenazas de ser lanzados a un horno de fuego ardiente, Sadrac, Mesac y Abed-nego se negaron. Con firmeza y fe, respondieron al rey: “No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios, a quien servimos, puede librarnos del horno de fuego ardiendo, y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua que has levantado” (Daniel 3:15-18).
Estos jóvenes comprendieron, al igual que David, que nuestro verdadero propósito es glorificar a Dios, pase lo que pase. Su fe no dependía de que fueran rescatados, sino de su fidelidad a Dios. Ellos estaban dispuestos a honrarlo, aun si eso les costaba la vida, porque su confianza estaba en su poder y en su soberanía, no en las circunstancias. Así también nosotros, en nuestras oraciones, debemos recordar que lo más importante no es recibir lo que pedimos, sino glorificar a Dios con una actitud de gratitud y reverencia, sabiendo que Él siempre tiene el control y que sus planes son mejores que los nuestros.
ORACIÓN
Amado Padre, me siento tan abrumada con la situación que estoy atravesando. Ha sido tan duro y largo este tiempo de prueba que, sinceramente, ya no tengo fuerzas. Sé que eres poderoso y basta solo una palabra para que cambies mi situación. Pero también sé que no depende de tu poder, sino de tu voluntad. Dame un corazón dispuesto a alabarte en la dificultad, a ofrecer sacrificios de alabanza, a serte fiel, sea favorable o no tu respuesta a mi oración, y a aceptarla con humildad, porque Tú eres bueno y todo lo que permites siempre será para edificarnos. Ayúdame a reposar en Ti, renueva mis fuerzas y aviva la esperanza. En el nombre de Yeshua te lo pido. Amén.

Hoy agradezco por:

Gracias Abba por recordarme que solo tú mereces toda gloria y alabanza, dame la fortaleza y la convicción para no postrarme ante ningún dios sin importar la circunstancia que atraviese a pesar de los “y si no” que vendrán para amedrentar, presionar y obligarnos a arrodillarnos ante el sistema, te ruego me des un corazón recto y apartado para obedecerte y no solo morir pero vivir para ti dando testimonio con mi estilo de vida, todo lo puedo en Cristo que me fortalece atraves de su Ruaj.