
DEVOCIONAL MUJERES DE ORACIÓN
DÍA #133
Mi vindicación sea para ti Señor
¿Por qué estás lejos, oh Señor, y te escondes en el tiempo de la tribulación?
Salmo 10:1 (RVR1960)
LÁMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA Y LUMBRERA A MI CAMINO
Este verso cala hondo en nosotras al hablar de algo que muchas veces sufrimos en tiempos de tribulación. Sentimos que Dios nos ha abandonado, que ya no quiere escuchar nuestros ruegos. En hebreo cuando se dice “y te escondes” la palabra es alám, lo cual es ocultarse, apartarse o encubrir. Por lo que, se podría decir que Dios aparta su rostro de nosotras. Esto ocurre cuando no reconocemos que estamos en pecado, como dice Isaías “He aquí que no se ha acortado la mano del Señor para salvar, ni se ha agravado su oído para oír; pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír” (Isaías 59:1-2).
Cuando estemos teniendo problemas y pensemos que Dios se esconde de nosotras, no estamos reconociendo que, en primer lugar, Él está en control de todas las cosas y, en segundo lugar, que en ocasiones no reconocemos nuestro pecado. En Oseas 12:1, nos dice el Señor: “Vuelve, oh Israel, al Señor tu Dios; porque por tu pecado has caído”. El libro de Oseas es un libro profético que está relacionado con este salmo y nos muestra el amor del Señor por su esposa, o sea, por nosotras; ella lo ama con un amor enfermo, que es el que tenemos por nuestro amado. Muestra de ello está en el libro de Cantares, cuando el amado toca a la puerta y ella no le abre a tiempo; sus manos gotearon mirra sobre la manecilla del cerrojo (Cantares 5:4-6). Así es como hoy le amamos, con desesperación, después de que lo hemos dejado y engañándonos pensando que es Él quien se esconde de nosotras. Tanto tiempo hemos pasado haciendo las cosas con nuestras propias fuerzas, tomando decisiones sin consultarlo o buscando soluciones externas a Dios, y pensamos que nuestra actitud de orgullo es como la de Dios. Pero cuán equivocadas estamos, pues ésta no es la esencia de nuestro Dios. En estos dos libros citados, podemos conocer el carácter de nuestro Padre, misericordioso y amoroso.
Así que la próxima vez que pensemos que el Señor se esconde de nosotras, debemos recordar que su nombre también es Emanuel, lo que quiere decir que Él está allí, que no nos ha abandonado, que quiere que reconozcamos en qué hemos caído y volvamos a Él.
ORACIÓN
Señor, perdona mi pecado, mi orgullo, mi idolatría, mi amor enfermo por ti y límpiame para no volver a pensar que me has fallado. En lugar de eso, correré a ti, y esto lo haré en tu Nombre, que es sobre todo nombre, Yeshúa de Nazareth, amén.

Hoy agradezco por:
