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DEVOCIONAL MUJERES DE ORACIÓN

DÍA #129

La más grande herencia del Señor

He aquí, herencia del Señor son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; no será avergonzado cuando hablare con los enemigos en la puerta.

Salmo 127:3-5 (RVR1960)

DÍA #129La más grande herencia del Señor
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LÁMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA Y LUMBRERA A MI CAMINO

Este pasaje destaca que los hijos son una bendición y un regalo del Señor, y no sólo el resultado de la voluntad humana (Juan 1:12-13).

Nakjalá se traduce comúnmente como "herencia" o "posesión heredada" y, en el contexto de este salmo, enfatiza que los hijos son un regalo valioso y dado por Dios, no simplemente posesiones de los padres. Esto implica una responsabilidad espiritual: los hijos pertenecen a Dios y son confiados a los padres para criarlos de acuerdo con las leyes y principios de Dios.

En la tradición hebrea, esta conexión se alinea con pasajes como Deuteronomio 6:5-7, que instruye a los padres a enseñar diligentemente las palabras de la Ley a sus hijos: “Y amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos (...)”. Los hijos son una inversión espiritual, y los padres somos llamados a criarlos en el conocimiento de Dios y sus principios.

Los hijos son descritos como “cosa de estima”, resaltando que cada vida es valiosa y debe ser recibida con gozo y agradecimiento, y que deben ser cuidados como un tesoro. Cada persona es creada a imagen de Dios (Génesis 1:27), lo cual da a cada hijo una dignidad y un propósito inherentes. 

En este salmo, los hijos son comparados con “flechas o saetas en manos del valiente”, lo que alude a que cada hijo tiene propósito y dirección. Así como el arquero dirige las flechas, los padres tenemos la misión de guiar y orientar a nuestros hijos en los caminos del Señor. Esta metáfora también implica que nuestros hijos son recursos valiosos y potenciales para impactar positivamente al mundo, siendo luz en medio de las tinieblas. Se espera que los padres los capaciten espiritual y emocionalmente para enfrentar la vida.

Los hijos son una fuente de alegría, apoyo y fortaleza. Por tanto, “bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; no será avergonzado cuando hablare con los enemigos en la puerta”. La promesa de que el hombre “no será avergonzado” sugiere que una familia fortalecida en la fidelidad a Dios es una fuente de defensa y honor. En los tiempos bíblicos, las puertas de la ciudad eran el lugar de encuentro y juicio, por lo que tener una familia que respalde y apoye, da a los padres honor y estabilidad. Los hijos, cuando son criados bajo la Ley del Señor, traen honra a sus padres y están dispuestos a defenderlos y representarlos con integridad.

Como madres, hemos recibido un privilegio y una responsabilidad sagrada: la de amar, cuidar y guiar a nuestros hijos en el camino del Señor. Este rol no es sólo un llamado a proveer para sus necesidades físicas y emocionales, sino, sobre todo, a cultivar sus corazones para que conozcan y amen a Dios.

Es esencial que, desde temprana edad, les enseñemos la Palabra del Señor y les instruyamos en su Ley, como lo dice Proverbios 22:6 “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. Nuestra labor de instrucción no se limita a las palabras que decimos; de hecho, nuestro ejemplo habla más alto que cualquier enseñanza verbal. Con cada decisión, cada reacción y cada muestra de amor, estamos transmitiendo a nuestros hijos una visión de quién es Dios y de cómo debemos vivir de acuerdo a sus mandamientos. No olvidemos que nuestros hijos son una herencia del Señor, un regalo que Él nos ha confiado y por el cual un día nos pedirá cuentas.

¿Estamos invirtiendo en ellos lo que realmente importa? ¿Les estamos mostrando, a través de nuestra vida diaria, el camino a seguir? Criar a nuestros hijos en la Palabra de Dios no es sólo una tarea; es una misión que tendrá repercusiones eternas. 

ORACIÓN

Amado Padre, te pido que me des dirección y sabiduría para educar a mis hijos bajo tus mandatos. Ruego los guardes de todo mal y, sobre todo, que tu Ley esté en sus corazones. Ayúdame a ser fiel reflejo del carácter del Mesías, porque las palabras enseñan, pero el ejemplo arrastra. En el nombre de Yeshúa te lo pido. Amén.

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Hoy agradezco por:

Carito Duarte
27 jul

Agradezco al padre por ser el que guía a mis hijos en sus decisiones y que los guarda de todo peligro espiritual y físico y alabo su nombre

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María Luz Orellana Osinaga
27 jul

Señor te pido sabiduría para guiar a mis hijos por el camino correcto por ese sendero angosto para la fidelidad hacia ti y felicidad mía, de ser sierva fiel Amen

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