
DEVOCIONAL MUJERES DE ORACIÓN
DÍA #128
Rescátame de la lengua engañosa
Llevé mis problemas al Señor; clamé a él, y respondió mi oración. Rescátame, oh, Señor, de los mentirosos y de todos los embusteros. ¡Ay, lengua engañosa! ¿Qué hará Dios contigo? ¿Cómo aumentará tu castigo? Te atravesarán con flechas afiladas y te quemarán con brasas encendidas.
Salmo 120:1-4 (NTV)
LÁMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA Y LUMBRERA A MI CAMINO
Las Escrituras contienen numerosos pasajes que advierten sobre los peligros de una lengua descontrolada y la perversidad que puede albergar. Santiago 3:6 dice: “La lengua es una llama de fuego. Es un mundo entero de maldad que corrompe todo el cuerpo. Puede incendiar toda la vida, porque el infierno mismo la enciende” y el verso 9 agrega: “Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios”.
La lengua, aunque pequeña, es un miembro que puede causar un daño profundo y duradero. El chisme es uno de los ejemplos que la Escritura menciona sobre el mal uso de la lengua. Santiago 3:11-12 dice: “¿Acaso puede brotar de un mismo manantial agua dulce y agua amarga? ¿Puede una higuera dar aceitunas o una vid, higos? Tampoco puede uno sacar agua dulce de un manantial salado” ilustrando cómo la lengua puede producir tanto bendición como destrucción, y advierte que esto no es natural para alguien que sigue a Dios. La lengua, cuando se usa de manera imprudente o malintencionada, tiene el poder de herir y dividir.
La lengua no solo puede dañar a otros, sino que también perjudica a quien la usa de manera destructiva. Las palabras negativas que pronunciamos crean un ambiente tóxico que afecta nuestra paz interior y espiritualidad. Al hablar mal de los demás o cultivar un lenguaje de resentimiento, estamos envenenándonos a nosotras mismas. Como dijo Jesús, “Lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre” (Mateo 15:18). Nuestras propias palabras, cuando están llenas de negatividad, se convierten en un veneno que también nos afecta.
Hablar a espaldas de alguien puede parecer una manera de liberar nuestras frustraciones, pero en realidad puede causar un daño muy profundo. Estas palabras pueden lastimar la reputación, la dignidad y los sentimientos de la persona de la que hablamos. Además, daña nuestra propia imagen ante los demás, pues demuestra una falta de integridad y de compasión. En Proverbios 11:13, leemos: “El chismoso traiciona la confianza, pero el de espíritu fiel guarda el secreto”. Hablar mal de otros nos aleja del amor y la misericordia que Dios desea que practiquemos.
Por otro lado, aquellos que escuchan palabras dañinas también se ven afectados. Escuchar chismes, críticas destructivas o mentiras es una forma de participar en el pecado, ya que alentamos el mal al darle oído. Las palabras maliciosas son como flechas disparadas desde un arco; una vez lanzadas, ya no pueden ser contenidas. De la misma manera, una vez que las palabras de maledicencia son oídas, siembran desconfianza, división o resentimiento en quien las escucha. Esto no trae ningún beneficio a nadie, y termina por contaminar el ambiente.
Yeshúa mismo enfatiza la responsabilidad que tenemos sobre nuestras palabras. En Mateo 12:36-37, Él dijo: “El día del juicio, tendrán que dar cuenta de toda palabra inútil que hayan dicho. Las palabras que digan los absolverán o los condenarán”.
Las palabras tienen un peso eterno. No solo impactan a otros en el presente, sino que son registradas y nos serán requeridas ante Dios.
ORACIÓN
Amado Padre, hoy me presento ante Ti con humildad, suplicando que me libres de toda palabra engañosa y de una lengua mentirosa. Apártame de la tentación de caer en la falsedad o el chisme, y purifica mis labios para que solo pronuncien palabras de verdad y amor. Perdóname si en algún momento he hablado mal de mi prójimo, consciente o inconscientemente. Ayúdame a recordar que Tú aborreces el chisme y la mentira, y que un día tendré que rendir cuentas por cada palabra que ha salido de mi boca. Haz que cada palabra que pronuncie refleje tu amor y tu justicia, para que sea de edificación y no de destrucción. En el Nombre que es sobre todo nombre, nuestro amado Yeshúa, te lo ruego. Amén.

Hoy agradezco por:

Padre te pido refrenes mi lengua no permitas que hable mal de nadie me muestres mis errores, mis debilidades, perdóname en el nombre de Yeshua Amen