
DEVOCIONAL MUJERES DE ORACIÓN
DÍA #117
Teme a Dios y guarda su Torá
El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.
Eclesiastés 12:13-14 (RVR1960)
LÁMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA Y LUMBRERA A MI CAMINO
Salomón, a lo largo de este libro, explora la vanidad de los esfuerzos humanos, la fugacidad de los logros materiales y la inevitabilidad de la muerte física, llegando a concluir que, sin un fundamento sólido en Dios, la existencia puede parecer carente de sentido.
En este pasaje, ofrece una síntesis clara y muy inteligente de sus enseñanzas: el prestar atención a "temer a Dios" (que, recordemos, no se refiere a sentir miedo de Él, sino que implica tener temor de ofenderle, de hacer algo que va en contra de Sus caminos o Su voluntad). Así mismo, y a modo de recalcar, dice: "guardar sus mandamientos", lo cual nos señala la importancia de la obediencia a Su Palabra como guía para una vida plena, significativa y con verdadero propósito.
Por más que persigamos las cosas de este mundo, la verdad es que la vida misma es terminal. No hace falta un diagnóstico para recordarnos que nuestro tiempo aquí es limitado; algunas reciben un aviso y otras viven sin saber cuándo llegará el final. Pero en esta realidad, encontramos una esperanza eterna: el Señor, a través de Su Palabra, nos sigue moldeando para que la segunda muerte no tenga poder sobre nosotras. Como mujeres virtuosas, vivimos cada día esforzándonos por caminar en Su verdad, sabiendo que en Él está el propósito y la vida eterna.
El versículo 14 nos recuerda la responsabilidad y el juicio final que enfrentamos, destacando que todas nuestras acciones, incluso aquellas que intentamos ocultar, serán evaluadas por Dios. Él conoce no solo lo que hacemos, sino también nuestros pensamientos; nada le es oculto (Salmos 69:5). Aunque la muerte física es una certeza, nuestra fe en Dios nos llena de esperanza en una vida eterna. Para nosotras, que aspiramos a vivir con virtud y fidelidad, esta promesa nos impulsa a perseverar en la obediencia y el amor hacia Dios y hacia los demás. Sabemos que nuestras acciones dejan una huella eterna y que Dios, en Su misericordia, nos guía hacia una existencia que va más allá de lo visible y temporal.
ORACIÓN
Señor, enséñame a vivir con un corazón reverente, consciente de tu grandeza y de mi responsabilidad ante ti. Que cada pensamiento, palabra y acción refleje el respeto a tus mandamientos y el anhelo de agradarte. Hazme fiel en lo secreto y lo visible, confiando en que mi vida cobra sentido y propósito en tu verdad eterna.

Hoy agradezco por:
