
DEVOCIONAL MUJERES DE ORACIÓN
DÍA #113
Una oración respondida
Cada año Elcaná salía de su pueblo para adorar al Señor todopoderoso y ofrecerle sacrificios en Siló, donde Ofni y Finés, los dos hijos de Elí, oficiaban como sacerdotes del Señor. Cuando llegaba el día de ofrecer su sacrificio, Elcaná solía darles a Penina y a todos sus hijos e hijas la porción que les correspondía. Pero a Ana le daba una porción especial, pues la amaba a pesar de que el Señor la había hecho estéril. Penina, su rival, solía atormentarla para que se enojara, ya que el Señor la había hecho estéril. Cada año, cuando iban a la casa del Señor, sucedía lo mismo: Penina la atormentaba, hasta que Ana se ponía a llorar y ni comer quería. Entonces Elcaná, su esposo, decía: “Ana, ¿por qué lloras? ¿Por qué no comes? ¿Por qué estás resentida? ¿Acaso no soy para ti mejor que diez hijos?”. Una vez, estando en Siló, Ana se levantó después de la comida. Y a la vista del sacerdote Elí, que estaba sentado en su silla junto a la puerta del santuario del Señor, con gran angustia comenzó a orar al Señor y a llorar desconsoladamente. Entonces hizo este voto: “Señor todopoderoso, si te dignas mirar la desdicha de esta sierva tuya, y si en vez de olvidarme te acuerdas de mí y me concedes un hijo varón, yo te lo entregaré para toda su vida y nunca se le cortará el cabello”.
1 Samuel 1:3-11 (NVI)
LÁMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA Y LUMBRERA A MI CAMINO
Elcaná era un levita que habitaba en el territorio de Efraín. Como levita, debía ir al templo durante las convocaciones anuales, tal como el Señor había determinado. Este era el tiempo de los jueces, en el cual cada uno hacía lo que bien le parecía (Jueces 21:25).
Elcaná tenía dos mujeres, Penina que le había dado hijos, y Ana que era estéril; sin embargo, era a Ana a quien más amaba Elcaná. Si nos remontamos al principio de la primera mención vemos que Dios crea al hombre y a una mujer para el hombre; por tanto, que un hombre tenga dos o más mujeres no es la voluntad de Dios para el matrimonio. A causa de la maldad del hombre Dios tuvo que legislar esta situación, pero eso no significa que a Él le agrade.
Ana tenía un profundo dolor en su corazón ya que no podía tener hijos y constantemente recibía las burlas y críticas de su “rival”. Cada año derramaba sus lágrimas delante del Señor; y llegó el momento en que ocurrió algo diferente. Estando en el templo del Señor, Ana comenzó a orar con gran angustia y a llorar desconsoladamente haciendo esta promesa: “Señor de los Ejércitos, si te dignas mirar la desdicha de esta sierva tuya, y si en vez de olvidarme te acuerdas de mí y me concedes un hijo varón, yo te lo entregaré para toda su vida y nunca se le cortará el cabello”.
El verso 20 dice: “Ana concibió y a su debido tiempo dio a luz un hijo, al que le puso por nombre Samuel, pues dijo: ‘Al Señor se lo pedí’”. ¿Por qué esta vez Dios sí responde a su súplica?
Lo que hizo que Dios respondiera favorablemente a Ana fue la forma de su oración, ya que era conforme a su voluntad. En su oración, Ana le entregó a Dios el hijo que ella había pedido, para que le sirviera en el Templo. El Señor ya había destinado a Samuel, desde antes de su concepción y nacimiento, como su siervo, un levita que sería juez de la nación de Israel.
Cuando los apóstoles le preguntaron a Yeshúa como orar, Él respondió: “Padre nuestro, que estás en los cielos, Santo es tu Nombre, venga a nosotros tu Reino, tu voluntad es hecha en los cielos y la tierra” (Mateo 6: 9-13). El apóstol Juan también escribió al respecto: “Esta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que, si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que Dios oye todas nuestras oraciones, podemos estar seguros de que ya tenemos lo que le hemos pedido”.
Muchas de nosotras tal vez estemos atravesando circunstancias difíciles. Algunas pueden estar atravesando literalmente la misma situación de Ana; otras pueden estar experimentando diversas situaciones que causen dolor y angustia. A veces ocurre que oramos y oramos muchas veces, pero no llega la respuesta. Con el ejemplo de Ana podemos comprender que Dios nos puede estar preparando para el momento en el que de nuestros labios brote una oración que sea conforme a su voluntad.
La respuesta de Dios, por tanto, no siempre será un sí, pero podemos estar plenamente confiadas en que su voluntad siempre será buena para nosotras, aunque en el momento de la dificultad no lo podamos ver. Que el Señor guíe nuestras oraciones a su voluntad.
ORACIÓN
Amado Padre, eres Soberano y tienes el control perfecto de todas las cosas. La historia de mi vida la conoces hasta el fin. Puedo confiar en tus planes de bien, en que cada situación, aunque sea difícil, tiene un propósito. Descanso en tu voluntad y en tu perfecto amor. Oro en el nombre de Yeshúa. Amén

Hoy agradezco por:

Señor tu eres todopoderoso y soberano por eso te pido que cada prueba que padezco tu hazme confiar que tus planes para mi y mi familia son de bien y no de mal y ayúdame a ser agradecida por las pruebas .Amén
Agradezco que exista este ministerio porque en mis momentos de debilidad los tengo aquí para volver al camino. Bendiciones.