
DEVOCIONAL MUJERES DE ORACIÓN
DÍA #106
Pidamos sabiduría de Dios
El Señor es Dios celoso y vengador; el Señor es vengador y lleno de indignación; se venga de sus adversarios, y guarda enojo para sus enemigos. El Señor es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable. El Señor marcha en la tempestad y el torbellino, y las nubes son el polvo de sus pies. Él amenaza al mar, y lo hace secar, y agosta todos los ríos; Basán fue destruido, y el Carmelo, y la flor del Líbano fue destruida.Los montes tiemblan delante de él, y los collados se derriten; la tierra se conmueve a su presencia, y el mundo, y todos los que en él habitan. ¿Quién permanecerá delante de su ira?, ¿y quién quedará en pie en el ardor de su enojo? Su ira se derrama como fuego, y por él se hienden las peñas. El Señor es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían. Mas con inundación impetuosa consumirá a sus adversarios, y tinieblas perseguirán a sus enemigos.
Nahúm 1:2-8 (RVR1960)
LÁMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA Y LUMBRERA A MI CAMINO
El libro de Nahúm es una profecía breve pero poderosa que anuncia el juicio de Dios contra Nínive, la capital del imperio asirio, y consuela a Judá con la promesa de liberación.
Este pasaje en particular nos presenta el carácter de Dios: un Dios justo y misericordioso que actúa con firmeza contra los adversarios y que extiende su protección a los que se refugian en Él.
La descripción del Creador como "Dios celoso y vengador" resalta su compromiso con la justicia y su oposición al pecado. Este celo no es una emoción arbitraria, sino una expresión de su amor por la verdad y la santidad. En Éxodo 34:6-7, Dios se revela como "misericordioso y piadoso, tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad", y también como quien "no tendrá por inocente al culpable". Estas características son una señal de su paciencia, la que da tiempo al arrepentimiento, pero que no ignora la maldad.
Por otro lado, la majestuosidad de Dios se evidencia en su dominio sobre la creación: Él seca los mares, hace temblar los montes y conmueve la tierra. Estos actos recuerdan el poder mostrado en eventos como la separación del Mar Rojo (Éxodo 14:21-22) y la entrega de la Torá en el Sinaí, donde todo el monte se estremeció grandemente (Éxodo 19:18). La naturaleza misma responde a su presencia, mostrándonos que su poder trasciende cualquier fuerza humana o natural.
Este Dios poderoso y de justicia también es "bueno, fortaleza en el día de la angustia". Dios es fiel con los que confían en Él, como dice el Salmo 46:1: "Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones". Incluso en la adversidad, hay confianza en que Dios, en su bondad, no abandona a los justos.
Finalmente, el texto nos lleva a reflexionar sobre "¿Quién permanecerá delante de su ira?". La respuesta la podemos encontrar en Lamentaciones 3:22 “Por la misericordia del Señor no hemos sido consumidos” y Ezequiel 18:23: “¿Quiero yo la muerte del impío? dice el Eterno el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos?”. Leemos que nadie puede permanecer ante la ira de Dios, sino solo aquellos que hayan misericordia, la cual viene de la mano del arrepentimiento o teshuvá. Dios no se deleita en el castigo, sino en la restauración, por tanto, en el Señor hay una promesa de refugio en tiempos de angustia para quienes confían y se vuelven de sus malos caminos.
Este equilibrio entre justicia y misericordia debe motivarnos a vivir en reverencia hacia Dios, recordando que su ira no es caprichosa, sino el resultado de su compromiso con la verdad y el bien.
La Escritura de Nahúm es un recordatorio poderoso de que Dios actúa en su tiempo perfecto. Adonai es un Dios que juzga y que también redime; un Dios que corrige, pero que también consuela. Como dice el Salmo 103:8: "Misericordioso y clemente es el Señor, lento para la ira y grande en misericordia". En esta verdad, encontramos esperanza y seguridad.
ORACIÓN
Señor, sé que eres bueno. Gracias por ser mi refugio y fortaleza en tiempos de angustia. No me consumas en tu furor, sino ten misericordia de mí. Ayúdame a volver hacia Ti, a caminar en tu luz y a enseñar tus sendas, para que muchas otras personas accedan a tu amor y bondad. En el nombre de Yeshúa, amén.

Hoy agradezco por:

Padre gracias por tu siempre eres fiel y me consuelas, ayúdame a confiar a pesar dr la adversidad. Porque tu palabra es siempre eficaz y perfecta. AMEN