
DEVOCIONAL MUJERES DE ORACIÓN
DÍA #104
Dios también habla en la serenidad
Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante del Señor. Y he aquí el Señor que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva (...)
1 Reyes 19:11-13 (RVR1960)
LÁMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA Y LUMBRERA A MI CAMINO
En este pasaje se nos revela un momento profundo en la vida del profeta Elías. Después de haber huido lleno de temor y desesperación, Dios se presenta ante él de una manera inesperada.
A pesar de las grandes manifestaciones naturales, como el viento que rompía montes, el terremoto y el fuego, Elías no encontró a Dios en esas señales poderosas. En cambio, fue en un "silbo apacible y delicado" donde Elías oyó la voz de Dios.
Aunque el poder de Dios es inmenso, muchas veces Él se presenta de manera suave y tranquila. Dios nos invita a una intimidad silenciosa con Él, como vemos en Isaías 30:15: “Porque así dijo el Señor, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza”.
Amadas mujeres, así como Elías, debemos aprender a estar atentas a esa voz suave que nos guía y consuela, especialmente en momentos de angustia y desesperación. Dios, en su ternura, nos llama a estar quietas y a escucharle. En Salmos 62:5-6 nos dice: “Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de él es mi esperanza. Él solamente es mi roca y mi salvación; es mi refugio, no resbalaré”.
En una sociedad llena de ruido, prisa y espectáculo, Dios nos recuerda que busquemos la paz que solo Él puede ofrecer. Solo así podremos entender mejor su propósito en nuestra vida.
Cuando las tormentas de la vida nos abruman, es en la quietud de su presencia donde encontramos respuestas. Como dice el Salmo 46:10: "Estad quietos, y conoced que yo soy Dios". Dios siempre está presente, incluso cuando parece que no podemos verlo o sentirlo en medio de nuestras luchas. Es en la calma, en la serenidad, donde Él nos habla con claridad. “Guarda silencio ante el Señor, y espera en él” (Salmo 37:7).
Dejemos de hablar tanto y escuchemos lo que Dios nos quiere decir. Isaías 30:15 nos recuerda: "En quietud y en confianza será vuestra fortaleza".
ORACIÓN
Amado Aba, vengo delante de ti para pedirte perdón por las veces en que hablo más de lo que deseo escucharte. Padre, te pido que me permitas apreciar tu silencio y abrir mis oídos para escuchar lo que quieres decirme. En el nombre de Yeshúa, amén.

Hoy agradezco por:

Gracias Padre por ser nuestro refugio y fortaleza, podemos descansar en Ti.