
DEVOCIONAL MUJERES DE ORACIÓN
DÍA #100
Roles restaurados
Sea el anciano irreprensible, marido de una sola mujer, que tenga hijos creyentes que no sean acusados como libertinos o rebeldes. Porque es necesario que el obispo sea irreprensible como mayordomo de Dios; que no sea arrogante ni de mal genio ni dado al vino ni pendenciero ni ávido de ganancias deshonestas. Antes bien, debe ser hospitalario, amante de lo bueno, prudente, justo, santo y dueño de sí mismo; que sepa retener la palabra fiel conforme a la doctrina para que pueda exhortar con sana enseñanza y también refutar a los que se oponen.
Tito 1:6-9 (RVA2015)
LÁMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA Y LUMBRERA A MI CAMINO
La carta a Tito fue escrita por el apóstol Pablo entre los años 62 y 64 d.C., con el propósito de poner orden en la comunidad de creyentes en la isla de Creta, donde Tito estuvo encargado de discipular y guiar a la congregación.
Tito, siendo griego e hijo espiritual de Pablo, tenía una conexión especial con las ovejas perdidas de la casa de Israel, descendientes de Efraín, quienes comenzaban a regresar al Señor. Esto lo vemos en Hechos 11:19-21 y en Hechos 14:1, que dice: “Aconteció en Iconio que entraron juntos en la sinagoga de los judíos y hablaron de tal manera que creyó un gran número, tanto de judíos como de griegos”. Este evento cumplía la profecía de que el Evangelio no sería solo para los judíos, sino también para “los griegos” (las ovejas perdidas de Efraín), sembrando así la palabra del Señor entre las naciones.
A través de Efraín, esparcido entre las naciones, la Palabra se ha extendido; mientras que los judíos han preservado el Tanaj (la Torá, los Profetas y los Escritos). Ambas casas, Judá y Efraín, se complementan para cumplir la profecía de que serán un solo pueblo, restaurado y reconciliado con el Padre.
En este pasaje, Pablo describe las características que deben tener los siervos del Señor. Sus vidas deben ser irreprochables, en armonía con la palabra de Dios. Si son casados, deben ser fieles a una sola esposa y educar a sus hijos en los caminos del Señor, asegurándose de que estén sujetos a sus padres y den un buen testimonio. Como dice 1 Timoteo 3:4-5: “Que gobierne bien su casa y tenga a sus hijos en sujeción con toda dignidad. Porque si alguien no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?”.
De igual manera, las siervas del Señor debemos ser buenas administradoras del plan de Dios y de los dones que Él nos ha confiado. Pablo nos exhorta a cultivar un carácter humilde, paciente y equilibrado, evitando el enojo fácil, las peleas y los excesos que puedan ser piedra de tropiezo para otros. No debemos buscar intereses personales o ganancias deshonestas, sino enseñar con integridad los principios de Dios en todas las áreas, incluyendo las finanzas. Nuestra vida debe ser un ejemplo para quienes instruimos, mostrando hospitalidad, sobriedad y justicia, viviendo en santidad y consagración total al Señor.
Si queremos ser siervas del Señor, debemos primero ser discípulas de Yeshúa, reproduciendo fielmente sus enseñanzas. Esa es la esencia del discipulado: compartir con fidelidad lo que hemos recibido. Como nos instruye Yeshúa en Mateo 28:19-20: “Vayan y hagan discípulos de todas las naciones, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado”. Al seguir este llamado, nos convertimos en mensajeras de la verdad, reflejando en nuestra vida el carácter y la enseñanza de nuestro Maestro.
ORACIÓN
Amado Padre, gracias por tu infinito amor al darme la esperanza de la vida eterna. Ayúdame a ser una buena discípula tuya. Permíteme retener fielmente tu Palabra para poder compartirla con otras personas. Concédeme no solo conocer tu verdad, sino también vivirla y ponerla por obra en mi vida y en la de mi familia. Quiero ser una sierva fiel que refleje lo que me has enseñado a través de tu Palabra, del ejemplo de los profetas, los apóstoles y, sobre todo, de mi Maestro, Yeshúa, mi Salvador. Amén.

Hoy agradezco por:
