
DEVOCIONAL MUJERES DE ORACIÓN
DÍA #92
Todo tiene su tiempo
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado (...) ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana? Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él. Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.
Eclesiastés 3:1-2, 9-11 (RVR1960)
LÁMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA Y LUMBRERA A MI CAMINO
Este pasaje comienza expresando que Dios tiene un tiempo para cada circunstancia, y continúa declarando que “todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”. La palabra “quiere” aquí representa todo lo que implica una satisfacción personal; es la misma palabra que se usa en Isaías 58:13, cuando se nos pide que evitemos hacer nuestra propia voluntad (kjéfets en hebreo) en el Shabat. En el versículo nueve, se plantea la pregunta: “¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?”. Esta pregunta nos invita a reflexionar sobre el verdadero valor de nuestras labores y esfuerzos. En hebreo, la palabra yitron, traducida como “provecho”, sugiere una “ganancia” o “ventaja”, cuestionando si hay un beneficio duradero en el trabajo humano. Desde esta perspectiva, el esfuerzo solo cobra sentido cuando está alineado con el propósito de Dios, quien da significado eterno a nuestras actividades.
En los últimos dos versos, se expresa que Dios no nos ha dado un entendimiento total de Sus tiempos. Esto es similar a lo que Yeshúa respondió a sus discípulos cuando le preguntaron cuándo restauraría el reino de Israel: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad” (Hechos 1:7). Por ejemplo, podemos determinar el día en que nacerá una persona, pero no el día en que morirá. De la misma forma, podemos decidir cuándo sembrar, pero no tenemos certeza de cuándo podremos cosechar, pues una tormenta podría arruinar el cultivo.
Lo que nos compete saber es que Dios tiene un plan que se irá cumpliendo en su debido tiempo; un ejemplo de esto fue cuando Yeshúa resucitó a Lázaro. Tras ser informado sobre la enfermedad de su amigo, permaneció dos días más, y podríamos preguntarnos por qué no fue antes. Al cabo de cuatro días, sería evidente que Lázaro realmente estaba muerto, y su resurrección llevaría a muchos a creer en el poder de Dios (Juan 11:6-45). Este retraso pudo provocar dolor en los hermanos de Lázaro, pero el Señor tenía un propósito mayor.
Si miramos hacia atrás, podríamos preguntarnos por cuántas cosas no le damos gracias a Dios por no haber permitido, y por cuántas otras le agradecemos que Él permitió en Su tiempo. Un ejemplo hermoso de esto es la vida de José. Aunque pasó por muchas adversidades, en el tiempo de Dios, fue glorificado (Génesis 41:41-43). Tanto es así que, al nacer su hijo, lo llamó Manasés, cuyo significado es “Dios me hizo olvidar” (Génesis 41:51), marcando un nuevo comienzo para él.
La conclusión es vivir cada situación con responsabilidad y amor, sin intentar anticipar ni retrasar los tiempos de Dios, sino haciendo todo como para Él (Colosenses 3:23). Al confiar en Su plan, descansamos en Su sabiduría y abrazamos cada temporada con la certeza de que todo ocurre en Su tiempo perfecto. Así, nuestras acciones adquieren un valor eterno, y sabemos que Dios obra siempre para Su gloria y nuestro bien cuando actuamos según Su voluntad.
ORACIÓN
Señor, enséñame a descansar en tus tiempos y a confiar en tu propósito, a vivir cada día con humildad y gratitud, sabiendo que todo lo que permites tiene un sentido eterno. Ayúdame a hacer cada cosa como para ti, con un corazón rendido a tu voluntad, y a reconocer que, en tus manos, cada circunstancia tiene un valor perfecto y eterno. Amén.

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